Otro tipo de contagio

Dentro de nuestra agenda anual planificamos compartir en el día de hoy (20 de marzo) una campaña muy lejana de la que hoy nos toca atravesar. Cuidarnos para cuidar a otros, evitar el contacto, resguardarnos en casa, cumplir cuarentena, son algunas de las medidas clave en las cuales nos tenemos que enfocar para evitar la inminente propagación y contagio de este emergente virus.
Sin embargo, más allá de esto y con el correr de estos días, comprendimos que frente a algo tan serio y grande es necesario tomar todas las herramientas y recursos necesarios para sobrellevar a esta compleja situación compartiendo las bases de nuestra campaña inicial, que es algo tan simple y profundo como el gesto de una sonrisa.
Desde el 2013, las Naciones Unidas han celebrado el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad reconociendo el importante papel que desempeña la misma en la vida de las personas de todo el mundo. Unos años más tarde, en el año 2015, lanzaron dentro de este marco 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad, y proteger nuestro planeta, tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad de las personas.
Seguramente se preguntarán que tiene que ver el día de la felicidad con el coronavirus… y tal vez la respuesta sea “nada”. Es entendible que en estos tiempos hasta pueda parecer un poco utópico o fuera de foco hablar de felicidad, y en cierta manera es normal que nos pase esto, ya que primeramente fuimos diseñados para sobrevivir, con un instinto que hace que estemos alerta y atentos a todas aquellas circunstancias que pueden ser de riesgo, olvidándonos por unos instantes de que hay algo más que la mera supervivencia…
John Locke, filósofo y médico inglés, nos indicó, “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”. Claramente, ser felices significa, muchas veces, nadar contra la corriente, contra noticias o circunstancias que atentan sobre nuestro bienestar. Alguien comparó alguna vez a la felicidad con una pintura impresionista, en donde cada pequeña pincelada conforma el cuadro de la vida. En esta yuxtaposición de pinceladas y tonos hay sombras, pero estas sombras son necesarias, ya que ellas son las encargadas de darle perspectiva a la obra. No se puede ser feliz si no se cultiva la decisión de serlo, la gratitud y la capacidad de centrarnos en lo que tenemos, y no en lo que nos falta (La comparación social suele ser la primera enemiga de la felicidad)
Si bien ésta puede parecer una definición metafórica de la felicidad, sabemos que la felicidad también es tangible en nuestro organismo. Es conocido que tanto la serotonina como las endorfinas son las sustancias clave para la regulación de nuestro estado anímico. Son las conocidas “mensajeras de la felicidad”, encargadas de producir sensación de bienestar, placer y alegría, ayudándonos a conciliar mejor el sueño. Estas sustancias neurotransmisoras son producidas por nuestro organismo, conformando un sistema que se ocupa de regular las funciones físicas y las emociones que sentimos en cada momento. Lo interesante es que podemos potenciar o estimular esta producción a través de nuestros comportamientos o a partir de nuestra alimentación con alimentos ricos en triptófano, ya que se ha comprobado que aproximadamente el 90% de la serotonina es producida en el intestino, mientras él 10% restante en el cerebro.
La Dra. Lyubomirsky, en su libro “la Ciencia de la felicidad”, expresa que existe un 40% (en la “tarta de la felicidad”) que depende de nuestra actitud y de lo que podemos tener bajo nuestro control (el porcentaje restante lo divide en 50% de orden genético, y 10% salario, bienes materiales, salud). Este 40% se trata de acciones deliberadas para potenciar nuestro bienestar, lo que nos deja un margen muy amplio en el cual podemos actuar y elegir diversas acciones que nos beneficien tales como la práctica regular de una respiración consciente o mindfulness que también aumentan la liberación de serotonina y endorfinas por el hipotálamo produciendo cambios a nivel cerebral que ya están científicamente demostrados, como así también los efectos del ejercicio físico como caminar, correr, andar en bicicleta, etc.
La risa y el humor también producen una mejora en la salud física y mental, favoreciendo el sistema inmunológico, y reduciendo, según la Universidad de Navarra, hasta un 40% los infartos o los dolores. Sonreír es un hábito que nos beneficia. Aun cuando no tengamos motivos para hacerlo, este simple gesto es capaz de enviar información a nuestro cerebro. Ésto activa áreas cerebrales liberando endorfinas, facilita la síntesis de la serotonina, relaja, provoca que el cuerpo se sienta menos cansado y tensionado, mejora la oxigenación del cuerpo, alivia el dolor, mejora la creatividad, la memoria, la resolución de problemas, y mejora las relaciones sociales. Los estudios científicos han encontrado evidencia de que la sonrisa es contagiosa. Esto tiene que ver con las neuronas espejo, que son clave en el aprendizaje, especialmente en el caso del modelado, y a su vez otorgan a las relaciones sociales sensación de confianza, credibilidad y carisma. Asimismo, un estudio de la universidad de Harvard evidenció que cuando alguien está contento, la gente cercana tiene un 25% más de probabilidades de ponerse contento también. En resumen: cuando sonríes, te sientes bien. Cuando los demás te ven, sonríen también. Y cuando sonríen, se sienten bien.
No perdamos nuestra capacidad de sonreír a pesar de las circunstancias, cuidémonos entre todos… tu sonrisa hoy es un valioso y amigable saludo, tu sonrisa se contagia, propaguemos un contagio positivo en medio de tanta incertidumbre, malestar, dolor… ¡tu sonrisa viaja!

Lic. María Laura Ballini
Psicóloga- Coord. Equipo de Orientación